Jueves noche, a escasos minutos antes de pasar a viernes.
 
Me levanto de la cama para dejar algo en el salón, con la intención de regresar para dormir.
 
Miro por la ventana y la sangre se me congela. ¡La Parte Antigua se estaba quemando!
 
Desde mi balcón el casco histórico queda oculto por unos edificios, pero aquello parecía salir de detrás, extendiéndose hacía la derecha hasta la montaña.
 
Bolas de humo se levantaban en el cielo y resplandor naranja brillaba en el negro de la noche.
 
Inquieto, cogí la cámara, hice unas fotos desde el balcón, y salí con el coche a ver qué estaba pasando.
 
Subí por la nueva ronda sur y afortunadamente vi, desde la maravillosa vista que allí se impone de la Parte Antigua, que la ciudad no estaba ardiendo. Segundo después, avanzando en esa carretera, pasé a unos 100 metros del grueso del incendio, en una colina con matorral seco. Era muy espectacular.
 
Paré en un arcén de la carretera.
 
Una jauría de perros aullaba.
 
San Jorge parecía estar ardiendo, pero por fortuna solo era un efecto óptico, por mi posición frente a las llamas.
 
Los bomberos fueron raudos y efectivos.
 
Mis felicitaciones a este cuerpo de seguridad y resto de las fuerzas de seguridad por estar ahí para proteger a la población.
 
Espero que no haya habido que lamentar nada serio, ni víctimas, ni propiedades ni daños ecológicos significativos.
 
Pd: tardé en dormirme, pero contento de nuestro Casco Histórico siguiera intacto.